¡Hola a todos!
Como les prometí, en este artículo les cuento sobre la experiencia de vivir una semana en el Parque Nacional del Manu.
Primero que nada, debes tener tu equipaje con los artículos más importantes para el viaje. Recuerda que al ser una Reserva Nacional hay muchos servicios que están restringidos dentro del parque, no hay acceso a internet ni señal de celulares.
Es importante empacar los siguientes artículos:
- Casaca cortavientos: los viajes en bote suelen ser bastante ventosos.
- Cámara de fotos: no puedes dejar pasar la oportunidad de tomar increíbles fotos de paisajes y animales poco vistos.
- Camisa manga larga: el sol en la selva es muy intenso, además, todo está lleno de insectos como mosquitos, zancudos y arañas que pueden aparecer en cualquier momento y picarnos, por lo que recomendamos estar siempre protegidos.
- Polos: para los días más tranquilos.
- Chompa y casaca: en caso de friaje en la zona. (El friaje es una ola de aire frío que sale de la Antártida y que, luego de recorrer seis países, incluido Brasil, ingresa al Perú por Puerto Maldonado y cambia la temperatura de toda nuestra selva).
- Bloqueador: para evitar una molesta insolación.
- Usar botas o zapatillas para caminata: el camino en la selva está lleno de animales que pueden picarnos, por lo que es muy importante tener un calzado cómodo y que nos proteja.
- Gorro o sombrero y lentes de sol
- Ropa impermeable: en la selva suele llover durante todo el año, así que es importante llevar una casaca impermeable.
- Repelente de Insectos DEET 40%: es importante usar repelente todos los días.
- Linterna: para las caminatas nocturnas.
El viaje inició en Cusco en la madrugada. Nuestro transporte nos recogió del hotel aproximadamente a las 05:00a.m. y nos dirigimos hacia el noreste con dirección al pueblo de Paucartambo.
Luego de conocer tan lindo pueblo salimos nuevamente en nuestra movilidad hacia la Reserva Nacional del Manu.
El bosque nublado abarca una extensión de más de tres mil quinientas hectáreas que van desde los 3 000 m.s.n.m. hasta los 1 300 m.s.n.m. Esta área es de suma importancia para la humanidad ya que sirve de amortiguamiento y respaldo del Parque Nacional del Manu. El bosque nublado funciona como una esponja, toma la lluvia, condensa las nubes y luego la deja salir por las partes bajas. Este efecto reduce el riesgo de inundaciones y deslizamientos, bajando la sedimentación.
El bosque nublado es el hábitat de los osos de anteojos, también conocido como oso frontino, oso andino, oso sudamericano, ucumari y jukumar (Tremarctos ornatus), actualmente se encuentra en peligro de extinción, y aunque no tuvimos la suerte de verlos, andan caminando por la zona en busca de alimento. En el camino, tuvimos una corta caminata por la ruta para apreciar y admirar más de cerca la inmensa biodiversidad de la zona. Mientras caminábamos, de pronto, sin darnos tiempo para capturar el momento en una foto, pasó corriendo justo frente a nosotros un coatí (Nasua).
Luego de almorzar en la ruta, seguimos nuestro recorrido hasta llegar al Puerto de Pilcopata, aquí tuvimos la opción realizar canotaje o seguir en carro hasta el puerto de Atalaya. Por supuesto tomamos la opción del canotaje. En la temporada que visitamos el Manu, el río estaba bajo por lo que el paseo estuvo tranquilo, lo que nos dio la oportunidad de apreciar con más detenimiento los hermosos paisajes de la ruta y darnos un chapuzón en el río. Llegando al puerto de Atalaya tomamos una embarcación para llevarnos al primer albergue.
Después de unos 30 minutos navegando río abajo llegamos al albergue. Ahí tuvimos la tarde libre para pasear alrededor del albergue y tomar una ducha. Luego de la cena, a las diez de la noche, se apagan las luces y descansamos con el susurro de la selva.
Los aventureros del grupo nos levantamos muy temprano para deslizarnos entre los árboles en zipline. Fue increíble pasar colgado por el medio de la selva con toda la adrenalina corriendo por mis venas. Aquí les dejo un video: VIDEO
Después de un par de horas de aventura retornamos al albergue a tomar desayuno y subir a nuestra embarcación para continuar nuestro viaje.
Este día el clima nos sorprendió y nos agarró friaje, así que tuvimos que sacar las chompas del fondo de la mochila para abrigarnos. En el camino río abajo encontramos algunas especies de garzas (Ardeidae), cormoranes (Phalacrocorax), un águila solitaria (Harpyhaliaetus solitarius) y gallinazos (Coragyps atratus). Usualmente se pueden ver muchas más especies de aves, mamíferos y reptiles, pero dado que el clima estaba muy nublado y frío, los animales se refugiaron y no se dejaron ver.
El tercer día madrugamos para partir hacia la zona reservada del parque. Despertar temprano tiene un premio: uno de los amaneceres más hermosos que he visto.
A unos cien metros río adentro de Boca Manu paramos en el puesto de vigilancia de la zona reservada llamado El Limonal. Ahí recibimos información sobre la reserva y cómo debemos cuidar nuestro entorno.
Alrededor de las instalaciones encontramos algunas arañas muy grandes, una de ellas parecía que había cenado un murciélago la noche anterior.
Estábamos atentos a los árboles buscando algunos monos cuando de pronto escuchamos a uno de nuestros compañeros del grupo gritar a viva voz: “¡un jaguar!” (Panthera onca), nuestro guía inmediatamente nos puso en silencio para no espantar al imponente animal. Volteamos hacia la selva y pudimos admirar al felino más grande de América. En Perú es también conocido como otorongo, proveniente del quechua “uturuncu” que significa “el que mata de un salto”. Este animal era considerado una deidad en la cultura Inca y algunas culturas preincas como Chavín y Paracas.
Luego de una buena sesión de fotos, nuestro amigo el otorongo se retiró y nosotros continuamos nuestro viaje río adentro.
En la ruta, encontramos muchas más especies de aves como tucanes (white-throated toucan) (ramphastos vitellinus), guacamayos (Ara), distintas especies de garzas (Ardeidae), rayadores (black skimmer) (rynchops niger), Suiriri Real (tropical kingbird) (Tyrannus melancholicus), el águila solitaria (Harpyhaliaetus solitarius), la tijereta (Tyrannus savana), golondrinas (Hirundo rustica), entre otras.
También encontramos reptiles como el caimán blanco (Caiman crocodilus), tortugas taricaya (Podocnemis unifilis) y el caimán negro (Melanosuchus niger). Además, tuvimos la suerte de ver una familia de ronsocos o capibaras (Hydrochoerus hydrochaeris).
Ya casi al anochecer llegamos al campamento donde nos quedamos dos noches. Por la noche, después de la cena realizamos una caminata en medio de la selva. Es una sensación increíble caminar por los senderos con solo una linterna que nos alumbra el camino, todos los sentidos se agudizan. Es importante seguir siempre al grupo y estar atentos a lo que el guía nos comenta.
Luego de una larga espera una familia de nutrias gigantes (Pteronura brasiliensis) se dejaron ver en todo su esplendor.
Regresamos a almorzar al campamento y por la tarde, visitamos la Casa Matsiguenka, donde nos encontramos con una comunidad nativa, quienes nos muestraron su estilo de vida.
En la noche, después de la cena, nos retiramos a descansar.
El quinto día iniciamos nuestro retorno, no sin antes visitar una plataforma en lo alto de la selva que nos permitió ver más especies de monos entre los árboles y la cocha Otorongo.
Regresamos a la embarcación y partimos hacia Boca Manu. En el camino seguimos siendo sorprendidos por la naturaleza y encontramos, además de todas las aves ya vistas, un pájaro carpintero (lineated woodpecker) (dryocopus lineatus).
Llegamos a Boca Manu y luego de una ducha cenamos y brindamos por el cumpleaños de uno de nuestros compañeros del grupo.
El penúltimo día del viaje partimos de Boca Manu hacia el primer albergue. En la ruta vimos nuevamente diferentes especies de garzas y cormoranes, así como tortugas.
Luego de casi diez horas río arriba llegamos a nuestro albergue para cenar y descansar.
En el camino, hicimos una parada en las chullpas de Ninamarca. El nombre Ninamarca posiblemente viene del quechua, donde nina significa fuego y marca significa pueblo. Estas son tumbas pre-incas que se encuentran sobre los 3 000 m.s.n.m. Fueron construidas con arcilla y se han encontrado en la zona unas 17 chullpas de 2,50 metros. Por la tarde llegamos a Cusco.
En definitiva, este fue uno de los mejores viajes de mi vida. Nunca antes había estado tan cerca de la naturaleza y viviendo tan cerca del reino animal. La bulla de la ciudad y la rutina diaria nos hacen olvidar el mundo inmensamente increíble en el que vivimos, por lo que es importante desconectarnos de la rutina y vivir unos días conectados al 100% con la naturaleza.
Déjate envolver por la experiencia de viajar a una de las reservas de mayor importancia en el planeta con nosotros.
